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Nuevos caminos de resiliencia para el sector empresarial

El sector empresarial nunca más será igual. La pandemia de COVID-19, en su avalancha transformadora -y demoledora-, ha supuesto un cambio tremendo en todas las facetas de la construcción social, siendo la empresa privada uno de los protagonistas del nuevo futuro que se comienza a cimentar a partir de ahora.

Mientras que al sector público le ha tocado fortalecer y ampliar sus programas, políticas y coberturas, la empresa privada, desde una perspectiva general, ha tenido que transitar por el camino contrario: frenar su crecimiento, disminuir su personalidad y, en algunos casos, simplemente cerrar.

“La crisis del COVID-19 ha generado un cambio de paradigma total del sector privado, desde la forma de hacer negocios, la modalidad de trabajo, el encadenamiento y trabajo con proveedores, hasta la movilización de sus colaboradores”, asegura Elizabeth Venegas, directora de Dimensión Ambiental de la Alianza Empresarial para el Desarrollo de Costa Rica, quien añade que la sorpresiva rapidez de propagación del virus sobrepasó los planes de atención y de continuidad que tenían la mayoría de las empresas costarricenses. “En los planes no teníamos contemplado una pandemia”.

Sin embargo, la capacidad de respuesta del sector privado, dice Venegas, ha sido clave para hacerle frente a la emergencia. “La crisis del COVID-19 ha incrementado la capacidad del sector privado de innovar en el eje de sostenibilidad para atender de la manera más pronta y oportuna la situación actual de la pandemia. Este sector ha dirigido sus esfuerzos a velar por la seguridad de sus colaboradores, generando medidas en temas de prácticas laborales, cadenas de valor, comunidad y bienestar de los colaboradores. Sin embargo no se puede perder de vista que el 90% del sector privado está formado por micro, pequeñas y medianas empresas que les ha correspondido tomar medidas extremas para poder dar continuidad a su negocio”, afirma la ejecutiva.

“Todos los sectores debemos ser más contundentes al evaluar la respuesta y hacer hincapié en que lo que debemos de evaluar constantemente no solo es la capacidad de respuesta, sino las medidas de prevención y preparación que tenemos de manera articulada desde el sector privado”, expresa Martha Herrera, Presidenta de la Red ARISE MX, el eslabón mexicano de la Alianza del Sector Privado para Sociedades Resilientes ante Desastres (ARISE), una red regional de cooperación entre la iniciativa privada y el sector público cuya meta es implementar políticas públicas para desarrollar protocolos de reducción de riesgos.

ESFUERZO DE COLABORACIÓN

La pandemia de COVID-19 cambió las reglas del juego. Los gobiernos se vieron obligados a implementar medidas complejas que afectan directamente su gestión económica. Es la única forma de salvar vidas. Un estudio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) calcula que al final de la pandemia habrá una contracción de 5.3% en la economía de la región, lo que se traducirá en 38 millones de nuevos desempleados y 29 millones de nuevos pobres.

Un escenario que exige un proceso de adaptación constante y diverso por parte del sector privado. “La pandemia reconfigurará al mundo entero y a todos los sectores. Es claro que tendremos que reinventarnos”, explica Herrera.

“Esta crisis ha enseñado al sector privado un nuevo paradigma de trabajo, generando nuevos retos y oportunidades en sus negocios y su capacidad de resiliencia; nos ha enseñado que quien no se adapta, se queda rezagado”, asegura, por su parte, Venegas.

El Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres (2015-2030) define claramente la articulación colaborativa entre los actores públicos y privados para aumentar la resiliencia de las empresas ante los desastres, así como establece la necesidad de aumentar las inversiones resilientes. Desde esa base surgen, entonces, las 18 redes nacionales y las 2 regionales de ARISE, que se han movilizado de forma eficiente para mitigar -dentro de las posibilidades- el impacto de la pandemia en las economías empresariales.

Anthony Batista, encargado de Gestión de Riesgo y Cambio Climático de EcoRed, señala que algunas de las medidas aplicadas en República Dominicana fueron nuevos horarios para cumplir con el toque de queda, se habilitaron contenedores con dormitorios para personal clave, se extendieron periodos de pago, se eliminaron comisiones y se redujeron precios. “La mayoría ha debido improvisar, sin mucho tiempo para pruebas o reflexiones. Mantener funcionando la economía en situaciones como la que nos aborda podría superar a muchos, pero todos han respondido de manera eficiente”, indica.

El escenario supuso, al mismo tiempo, que el sector privado ensayara nuevas relaciones con su entorno. Con el Estado, en casi todos los países, ha robustecido su papel en la toma de decisiones y de estrategias a implementar.

“En Dominica, por ejemplo, el sector privado apoya al gobierno de cualquier forma que le sea posible: construcción, hospedaje para pacientes, incluso dando recomendaciones sobre medidas fiscales. También hay una disposición de obedecer al gobierno sobre las medidas de distanciamiento físico, horarios a cumplir, en fin, de todas las exigencias sanitarias correspondientes”, dice Lizra Fabien, Directora Ejecutiva de la Asociación de Industria y Comercio de Dominica y Presidenta de la Red de Cámaras de Comercio del Caribe (CARICHAM), quien añade que la magnitud del impacto económico de la pandemia en el Caribe aún no ha sido determinada.

El sector privado ha tenido también que diversificar -y fortalecer- su relación con la comunidad. No solo con las colaboraciones que presta para la recolección de fondos y donaciones, apoyo en labores logísticas o de comunicación sobre las medidas, sino que en muchos casos han cambiado su producción: una empresa de licores fabrica ahora gel alcoholado, negocios de ropa y calzado deportivo ahora fabrican mascarillas y otros implementos sanitarios, empresas alimentarias donan platos de comida y hasta una empresa de cemento donó en varios países sus camiones para limpiar y sanitizar las calles. “Nuestros esfuerzos como comunidad y participación de la ciudadanía es lo que logrará el cambio”, asegura Herrera, de ARISE MX.

La región, además, cuenta con una gran ventaja, según Raúl Salazar, jefe de la Oficina de Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres, Oficina Regional – Las Américas y El Caribe (UNDRR). “Tenemos el desarrollo consolidado de alianzas y redes del sector privado”, aseguró Salazar, quien añadió que “la región avanzará de forma positiva porque tenemos la estructura, la voluntad y el conocimiento previo”.

LA SENDA DEL FUTURO

Lizra Fabien es enfática sobre los cambios que se implementan en la construcción de un nuevo futuro empresarial: “los negocios han implementado nuevas políticas, han creado estrategias para la reducción del riesgo. Antes de esto no teníamos nada para contrarrestar amenazas biológicas, ahora sí, y sirve para fortalecer nuestras prácticas”.

“Fortaleceremos instituciones, mecanismos y medios a todo nivel. Aumentaremos la resiliencia ante las amenazas. Cuando las aguas vuelvan a su cauce, las empresas se enfocarán en enfrentar este tipo de crisis con mayor eficiencia y en el menor tiempo posible”, reflexiona Batista.

“Desde el sector privado se tiene que dar un fortalecimiento de los sistemas de gestión de riesgos, dando mayor prioridad a los riesgos de carácter antropogénicos, naturales y tecnológicos. Es verdad que en años anteriores se empezaba a dar juego al riesgo tecnológico y ciertos riesgos naturales en grandes empresas, sin embargo, las Pequeñas y Medianas Empresas cuando mucho contaban con el programa de protección civil que no incluía ni este tipo de pandemias ni riesgos tecnológicos que no representan un potencial daño a la integridad física de los empleados, pero sí representan un daño a la integridad de la operación de la empresa.  Esperamos que esto sea una llamada de atención para actualizar los sistemas que facilitan la continuidad operativa de las organizaciones, sabiendo que sin las mismas, la vida de la organización es incierta”, reflexiona Herrera

La Presidenta de la Red ARISE MX, además, considera que las acciones aplicadas en este tiempo de crisis serán fundamentales para la reactivación económica una vez inicie el proceso de aislamiento. “Si durante la contingencia fortalecemos nuestros lazos de colaboración con nuestros grupos de interés, las organizaciones ganarán aún mayor credibilidad y en muchos casos se revalorizará su papel como aglutinador y facilitador.  La articulación multisectorial es vital para lograr un impacto mayor y certero. La cooperación multisectorial deberá seguir muy activa en la etapa de recuperación con la finalidad de generar medidas adecuadas a la situación de cada ciudad y evitar desempleo y una mayor desigualdad”, indica.

Prepararse para reconstruir mejor, en definitiva, es la estrategia que se impone en el camino resiliente del futuro, en el nuevo camino del sector empresarial.

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Autor:
Luis Burón B.

Fuente: United Nations Office for Disaster Risk Reduction – Regional Office for the Americas and the Caribbean

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